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La democrática ridiculez

1 dic

Lenín Maury


¿Era inevitable que en la por estos días más fresca que helada ciudad de Toronto, un grupo de compatriotas levantara el muro de estupidez que separa a las facciones vociferantes (antes que beligerantes) de un país que desde hace más de 10 años pregona una ruptura de lazos de fraternidad que, según mi humilde pero sólida opinión, están fracturados desde hace décadas atrás, y los mostrase vanidosamente en una tierra ejemplo de integración?…Un grandeliga venezolano está allá, en la provincia de Ontario, intentando contribuir con sus aptitudes, portando el tricolor en su manga derecha y en el pecho el nombre bajo el cual nacimos la mayoría de los que ostentamos esta nacionalidad vernácula, y no hay mejor demostración de conciencia política, madurez deportiva colectiva o simple saber atlético, que emitir cánticos huecos que nada aportan a la que debería ser la meta de los asistentes al duelo: generar esa intangible onda expansiva que insufla ánimo.

La indignación, el sinsabor y la vergüenza se turnan para dejarme salmuera en las encías, impotencia en los nudillos y desasosiego en el pecho. Sin embargo, gente lúcida y con espacio en los medios se dio a la tarea de denunciar esta barbarie y dejar constancia de que en el periodismo nacional la ética y el buenhacer no tienen porque ir de la mano de las tendencias políticas. El trabajo es informar, pero también opinar cuando la situación lo amerita. En este caso la necesidad gritó. La información se registró, el hecho vergonzoso fue reflejado a cabalidad en la mayoría de los medios nacionales, pero en cuánto a disertación se refiere, nada me satisfizo más que los argumentos planteados por Carlos Valmore Rodríguez.

Ahora la emprendieron con Ordóñez a cuenta de chavista. No lo agredieron por atacar un fly de manera displicente, o por haber cometido un error fatal para el equipo, o por hacer algún comentario contra la hinchada. No, se metieron con él por ‘chavista balurdo’ (…) O sea, compatriotas suyos, a los que está representando en el Clásico, lo sometieron al escarnio público por defender públicamente un credo político. Esa es una demostración de intolerancia y sectarismo odiosa por sí sola y particularmente inoportuna, pues ocurre cuando el coriano está defendiendo la causa venezolana (…) Los deportistas, peloteros profesionales incluidos, son ciudadanos, que tienen el derecho y el deber de interesarse por los asuntos de su polis, sin que por ello deban recibir el rechazo de nadie”. Magglio, Política y Deporte. Carlos Valmore Rodríguez, Diario Líder. Lunes, 9 de marzo, 2009.

En mis manos tengo el número más reciente de la edición de la revista bimestral Olímpicas (Nº3). En ella Alexis Correia disecciona a través de un esclarecedor ensayo el fenómeno inverosímil que durante la pasada Copa América abrió esa dimensión en la que la derrota de los míos es mi propia victoria, algo así como un autosuicidio.

Una de las conclusiones que se extrae del texto, pero que es moneda común para todos aquellos fanáticos del deporte rey en este subcontinente, nos arrincona y nos obliga a entender ¿Cómo es posible que los argentinos en el Mundial del ’78, bajo la inclemente mano de una sangrienta dictadura, no dudaran ni un momento para brindarle apoyo irrestricto y nacional a su selección; y en cambio, un país que dista mucho de aquél, prefiera el fracaso de su representación deportiva para no verse en el trance de adjudicarle al gobierno de turno un éxito que a fin de cuentas recae siempre en primera instancia sobre los hombros de los deportistas? A manera de apropiado epílogo, Correia utiliza una cita de Alberto Barrera Tyszka, redactada durante el tráfago que significó luchar contra 9 selecciones suramericanas en la cancha y contra quién conoce cuántos compatriotas fuera de ella, para cerrar su texto. Sin duda, el epítome de una goleada en contra.

Me temo que al tratar de ensalzar o descalificar al Gobierno, a cuenta de Copa América, es un pase directo a las duchas. El gol es un exilio provisional que nos hace bien a todos. Tal vez, en el fondo, el fútbol nos devuelve a la experiencia de la vida sin política.

Toca ese anhelo de poder asistir a un espectáculo sin la contaminación ideológica, sin sentir el peso de las grandes verdades patrióticas, de las impostergables urgencias históricas, sin la exigencia obligante de combatir o defender una revolución. Tal vez, el fútbol nos recuerde que, probablemente, necesitamos más placer y menos Simón Bolívar; que también somos otros, que podemos tener más tertulias que debates, más fiestas que marchas y contramarchas, más deporte que programas de opinión. Y que no todo es guerra”. La Vinotinto ¿El pegamento o los añicos de la identidad nacional? Alexis Correia. Olímpicas. Nº3. 2009.

Ver este fenómeno desde la distancia del estudio académico resulta cuesta arriba cuando estamos tan inmersos en la fuente y en el país. Pero cíclicamente me pregunto: ¿Y ahora, tendremos dos, tres, cuatro selecciones? ¿Pintamos una de azul, otra de roja y otra con el gris desentendido de la apatía? Es que acaso edificaremos un Muro debajo de la zona costera para asistir a las justas internacionales con una Venezuela sureña y otra norteña.

Mejor aún, expatriemos a todos esos que a punta de sudar por una mayoría que jamás los ha elegido, buscan imponer un sentimiento patrio que hace siglos implosionó para la estupefacción pequeño veneciana.

La ridiculez es suficiente y democrática. Todos podemos agarrar nuestro trozo sin la necesidad de pagar ni un bolívar fuerte. Tan es así, que por este paraje caribeño pululan acaparadores que la exhiben como una Copa.

Parece que al menos en ese aspecto, a Toronto sí llevamos un inobjetable Dream Team.

Publicado 11/03/09

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Esteroides ateos

30 nov

Lenín Maury

Una de las tantas consecuencias derivadas del escándalo de los esteroides en las Grandes Ligas es la desilusión. Me explico: para los que fuimos adolescentes y jóvenes aficionados al béisbol, en especial al de las Grandes Ligas entre los ’90 y los tempranos 2000, en nuestra retina memorial permanecen las imágenes de fantásticos batazos, espectaculares atrapadas, increíbles ponches, todas y cada una de las acciones propias de la pelota, magnificadas y adjetivadas por el ojo de de la idolatría.Este es quizá, por su carácter personalísimo, uno de los temas menos abordados en las crónicas nacionales que desde hace algunos años provocó Juiced y que al parecer, y gracias a la nueva vedette involucrada, será un tema inagotable en esta temporada y en algunas más.

Pero, ¿qué es lo más doloroso de todo esto para mí?… La sombra de la duda. Un elemento que eclipsa y sirve para infravalorar logros y sobre todo, para derrumbar pedestales sagrados para muchos.

La anécdota es personal, pero sospecho que encontrará eco en muchos. Lugar: reunión de amigos. Temas: Varios, hasta que llega el béisbol. Protagonista: Andrés Galarraga, tal vez no uno de los dioses, sino uno de los titanes del deporte nacional. No conozco a nadie –pero por supuesto que deben existir- que le tenga ojeriza al Gran Gato. Hasta mi madre, mujer bastante desentendida del quehacer atlético tricolor, sabe quién es. No conocerá sus marcas, pero en sencillas palabras, “le cae bien”, “es que se ve buena gente”, suele agregar.

Pues, retomando el hilo, el abogado del diablo en turno soltó esta frase en el ya citado cónclave para encender la mecha: “¡Claro! Ahora entiendo la resurrección de El Gato. Si estaba acabado. Acuérdate de San Luis, casi muerto, y luego: ¡pum!, el tipo cose la liga. Seguro se pinchaba”. La afrenta inmediatamente encontró defensores a granel. Atropelladamente y sin respetar turnos se mencionaba al cuasi “gurú” Don Baylor, las bondades del Coors Field, la pelota “más salidora”, la expansión y su cacareada consecuencia en la reducción de la calidad en los brazos ligamayoristas, y así ad infinitum.

El promotor de la discusión reía y seguía esgrimiendo los casos cercanos que rodearon al Gatosu enfermedad –punto que además consideré realmente bajo-, su masa muscular y más, y más.

Sin control, el pseudo análisis ya comenzaba a incluir otros criollos idolatrables en mayor o menor grado, según las simpatías personales: Magglio Ordóñez, Bob Abreu, Melvin Mora, Ramón Hernández…

La provocadora llama se consumió, y la calma regresó al cambiar el tópico, pero ya el daño ya estaba hecho. Camino a casa y los días subsiguientes rememoraba batazos épicos como aquel que se comió Kevin Brown en el estadio de los Marlins, o las semanas de sana angustia cuando el “Big Cat” luchaba por su título de bateo allá por 1993, o sus tres jonrones en un partido en 1995 …

Y por cada recuerdo alegre viene el golpe… ¿¡Coño!, se habrá pinchado, de verdad? Nada que hacer, ya la duda está inoculada y multiplicándose. Más que escepticismo es desazón, despecho deportivo, si vale la frase.

Una sola tabla de salvación me mantiene aún del lado creyente. Recuerdo una vez que Andrés, en una rueda de prensa toreó el tema con su amplia y afable sonrisa: “No vale, lo mío fue a punta de arepas”. Risas generalizadas en el auditorio y voto de confianza. Imposible que El Gato mienta.

Sólo me queda eso, la fe. Pero los esteroides son ateos, Padovani. ¡Qué vaina!

Publicado 26/02/09

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¿News? ¿Noticias?… Ni de vaina

30 nov

Lenín Maury


El Clásico Mundial de 2006 dejó varias resacas para Venezuela, la mayor desde mi cómoda ventana de espectador/redactor, la que atravesó Freddy García por causa de su positivo.

Esa información sólo fue reflejada por un medio nacional a viva voz, el resto metió el elefante bajo la alfombra, nada que asombre. En Venezuela los ídolos sudan la camiseta, son impolutos y, si estiramos el velo inmaculado, pagan los impuestos y las multas. Eso es un dogma. Fin.En las varias tertulias donde el tema de Freddy salió a colación, siempre coincidí con el punto de vista del PERIODISTA que develó esa macha solar en la historia atlética nacional. Palabras más, palabras menos, el argumento tenía estas líneas: “Él estaba representando a Venezuela por voluntad propia. La gente confiaba en él y en ese equipo, así que lo que hizo, las faltas que cometió durante el Clásico, le incumben a todos los fanáticos. Eso es noticia”.

La explicación mutó casi en una disculpa. Generalicemos (para obviar nombres que no vienen al caso) diciendo que “el pueblo periodístico” enfiló sus baterías y disparó en secuencia cerrada contra el medio (PERIODISTA y diario). A manera de disculpa –innecesaria por demás, desde mi óptica- había un epílogo. “Si hubiese estado en su ámbito privado…” ¡hubiese sido su peo!, digo yo, resumiendo.

¡Tiene 23!

Lectores del deporte, ya saben cuál es la segunda parte de esta reflexión personalísima. Sí, Michael Phelps.

Resumo para los despabilados. El tipo es estadounidense, tiene 23 años de edad. Tiene 14 medallas olímpicas, ocho de ellas oros conseguidos en Beijing (ambas marcas absolutas). Pues bien, pongámonos a tono con el la situación.Phelps está descansando, disfrutado el dinero que sus patrocinantes le pagan por ser el mejor en la piscina (para otros el mejor atleta de la historia). En sus ratos de ocio, decide visitar a una jeva (los localismos ayudan). En la fiesta alguien le da una pipa con presunta marihuana y ¡pum! El tipo va y la prueba. Puede que haya sido picadura, puede que haya sido 100% cannabis; se la pudo haber acabado toda él, o tal vez no la inhaló bien, o –apoyando los promedios- le dio un par de patadas y nada más.

Hay una línea que se convierte segmentos cada vez más cortos en la vida de los deportistas (las personalidades públicas, en general, pero eso es para letrasfarandula). Voy a cometer herejía para algunos: Acaso pueden asegurar que San Di Estéfano, el Padre Cryuff, el monaguillo Carl Lewis, Sor Nadia Comanecci o la Madre Larissa Latynina jamás tuvieron un desliz, o varios… Saquen la cuenta, fama, dinero y aduladores. El tridente perfecto para que las tentaciones lluevan como en verano amazónico. Si sucumbieron o no, queda para la anécdota.

En realidad, no importa. Durante su vida competitiva, nunca hubo una sombra de duda sobre ellos. Fueron admirados, y según los archivos oficiales, nunca transgredieron los mandamientos del deporte.

Phelps tampoco lo ha hecho.

Al “fenómeno de Baltimore” no lo detuvo la policía en una plaza pública, no chocó uno de sus autos, no dejó embarazada a la jevita –guiño para los puritanos-, NO SALIÓ POSITIVO EN UNA PRUEBA DE DOPAJE. Cuando lo fotografiaron estaba en su esfera. En su espacio vital. ¡Coño!, ¡viviendo su vida!

Los sacerdotes, los rabinos, los monjes, todos pontifican. Hagamos un reality con unos cuantos elegidos al azar para ver cuánto soportan las religiones antes de la implosión que reivindicará al nihilismo.

PD: Para los hipócritas, lean esto en Marca. Luego hablan del Tercer Mundo.

Publicado 04/02/09

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