Archivos por Etiqueta: Clásico Mundial
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El Clásico como excusa

1 dic

Pablo Amair

Se atrasa con las rectas y se adelanta con los envíos quebrados, dicen sus coaches; no levanta la bola y sus rodados doblan la cantidad de elevados, reflejan las estadísticasParece saberse qué le pasa a Magglio Ordóñez, pero nadie dice el porqué. Lloyd McClendon dijo a finales de abril que el II Clásico Mundial de Béisbol afectó al jardinero. Quiso batear jonrones para transformar los abucheos y modificó su swing. Magglio no ha dicho algo semejante y ojala que no lo haga.

Mejor bateador de la Liga Americana entre 2006 y 2008; campeón bate en 2007; inagotable paleador de .300; incansable productor de 100 carreras o más; inextinguible acumulador de dobles, Magglio Ordóñez está en su peor temporada. Nunca pasó un mes sin un biangular o al menos 10 remolcadas; jamás mostró un promedio tan bajo después de tantos encuentros disputados.

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Es probable que varios venezolanos estén contentos: “Bien merecido se lo tiene, por chavista”, “Ahí está, dios castiga”. Quizá abundan los estúpidos que se atribuyen el fracaso: “Lo logramos. Tantos abucheos lo mataron”, “Jajajá, le deseé lo peor y allí está”. Si existen personas así, imbéciles, a Magglio no le conviene reconocer que el Clásico afectó su ofensiva. Juzgar el abucheo colectivo en Miami no interesa, toda vez que ya se hizo. Lo que no debe hacer Ordóñez es recordarlo. Será satisfacer a los gritones; será aceptar debilidad mental. Será, por qué no, un error que alimentará más la maldita división política.

Acudir a la excusa del Clásico puede ser sencillo para Magglio. Culpar a miles de terceros es mejor que reconocer el fallo propio, pero quizá él entienda lo peligroso de esa declaración. Le dirá a todos los parques de grandes ligas que si lo pitan se hunde; le reconocerá a los que le pitaron (y a todos los que quisieron hacerlo en Venezuela) que ganaron y que él bajó su cabeza; le dirá a sus nuevos protectores que el enemigo es el otro.

Mejor entonces que empiece a batear como es su costumbre y entierre para siempre el peso que carga contra su voluntad. Que lo despida en silencio, como ha hecho hasta ahora.

Publicado 12/05/09

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¿Qué les pasa a los gringos?

1 dic

Carlos Valmore Rodríguez
@CarlosValmore

El Clásico me ha gustado, me ha parecido un evento digno de ver para un aficionado al beisbol, no solo por las estrellas presentes, no solo porque pelean por sus respectivos países, sino porque lo hacen con brillantez (para los registros quedó la atrapada de Carlos Beltrán contra Estados Unidos), con intensidad, con pasión, unos más que otros, por supuesto. He visto varias jugadas arriesgadas en las que evidentemente se dejó de lado el temor a lesionarse y se privilegió el deseo de triunfar. Los peloteros se han visto motivados por el Clásico: entre los perdedores he percibido genuina frustración y entre los ganadores verdadera euforia. El CMB recupera las raíces lúdicas del deporte, esas ansias de salir al campo a ganar por ganar, no porque ese es tu trabajo (por eso Manny Ramírez nunca estuvo ni estará aquí). Ahí el Clásico está ganando la batalla. Me parece que la está perdiendo en las tribunas.

¿Dónde están los fanáticos gringos? ¿Por qué no están llenando los parques? Chico, ¿No es un tremendo espectáculo ver juntos a Derek Jeter y a David Wright? ¿Mirar a Dustin Pedroia y a Kevin Youkilis bregando por su Estados Unidos y no por Boston? Un aficionado a la pelota debería querer pagar para ver a un elenco en el que están Miguel Cabrera, Magglio Ordóñez, Bob Abreu, Carlos Guillén y Francisco Rodríguez. Pero no lo están haciendo. A Miami la animaron los venezolanos y los boricuas. Si no aquello hubiera sido un camposanto. Eso me preocupa. Yo pensaba que en la segunda ronda los norteños se iban a interesar más, pero nada que ver. Y si para colmo, un partido como el Estados Unidos-Puerto Rico no fue transmitido en televisión nacional, estamos todavía más jodidos. Yo no sé qué se puede hacer para llamar a la gente. Estos peloteros deberían vender el torneo. Cierto, no están todos los que son, faltan muchos, y eso es un demérito importante que conspira contra el rating, pero si la afición del norte no fue a ver a Jake Peavy, a Jeter, a Chipper Jones, a Carlos Delgado, etcétera, no estoy seguro de que se hubieran animado a mirar a Ryan Howard, a CC Sabathia, a Mark Teixeira, a Johan Santana, a Mariano Rivera. Claro que el porvenir del certamen depende en buena parte de que esos ausentes digan presente, pero en la medida en que este torneo no se proyecte al gran público de la Unión Americana va a tener graves problemas de viabilidad.

El Clásico podrá estar reventando las ratings en Venezuela, en Japón y en Corea, pero si en el gran mercado no lo compran, pues bueno. Houston, tenemos un problema. Y es serio. Algo tiene que estar mal cuando en Toronto, mientras andaba el Clásico, había periódicos que le daban la media página de arriba al hockey sobre hielo y la de abajo al curling, acaso el deporte más absurdo y soso que pudo haber inventado el hombre desde que pintó las cuevas de Altamira. Me perdonan el etnocentrismo (seguramente en Canadá deliran con el curling, y entre gustos y colores…), pero eso no puede ser más importante que el Clásico. O a lo mejor para los lectores de esos medios sí lo es, y contra eso es poco lo que se puede hacer. El primer Clásico dio ganancias, hubo rating. Me preocupa cómo vayan los del segundo. Capaz y hay millones de gringos viendo los partidos en la butaca del salón de su casa acariciando al perro y con una Budweiser sobre la panza, pero no es esa la sensación que tengo. Ojalá haya 2013 no como un último chance sino como una plataforma de lanzamiento hacia una era dorada, en la que el Clásico reine sobre los aficionados del Tío Sam.

Publicado 23/03/09

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…lo que viene es mandarria

1 dic

Daniel Mariani C.
@dlitro

Algunos de mis textos anteriores lo confirman: era un pesimista del Clásico Mundial. Con ese mal presentimiento de un fracaso cantado, de ver a todos los pitchers apaleados por las contundentes ofensivas rivales y con el temor de que la ofensiva, al igual que en el 2006, se quedara sólo en nombres altisonantes con bates de goma.

Pero ahora –Gota a gota, a ritmo de tinajeroando con el pecho inflado. No importa lo que resulte, ya la vinotinto lo logró conmigo. Me convenció. Me contagió el buen ánimo que se ve en el dugout. Me hizo sentir la emoción de ser potencias mundiales en algún deporte. Me integró en ese grupo que se ríe de los que no les dio la gana de integrar la selección. Me motivó a correr a comprarme la gorra como una de las pocas maneras que tengo de demostrar mi arraigo. Estoy borracho de clásico. Todas las familias felices se parecen-. Aunque el torneo tiene varios bemoles evidentes, vivir esta experiencia por tv ha sido terapéutico para mi sentimiento patrio -Más nada, monada-.

Justamente eso es lo que me trae acá: estar viviendo la experiencia por TV – El gallo canta aunque el vecino no quiera-. Es un poco vergonzoso para mí. Y vaya que lo es. Pero debo admitir que,de todas las ofertas que hay para ver el Clásico Mundial de Beisbol, yo me he inclinado por sintonizar la Televisora Venezolana Social (Tves). No creo que sea la mejor opción. Tampoco la menos mala. No sé si es que prefiero cualquier cosa antes que los comentarios “acertados” de Manuel Rodríguez o los insoportables gritos de Pascual Artiles –Aguanta pared que lo que viene es mandarria-, pero lo cierto es que las transmisiones de Tves han sido para mí una mezcla interesante entre diversión y buena lectura de juego.

Por supuesto que de Pepe Delgado Rivero es divertido burlarse. Si él se está burlando del espectador todo el tiempo, ¿por qué no burlarnos nosotros de él? La cuenta del bateador es la del Pirulino. Una sola camisa y un solo pantalón-. Humberto Acosta, quizá esté un poquito mayor, distraído y a veces hasta aburrido suena, pero hace el equilibrio de la transmisión con lecturas lúcidas y sabias del juego de pelota. Ponle azúcar a la almohada y dulces sueños-. Si no transmite Jerez y Maldonado por ESPN, mi opción es Tves sin duda alguna.

En el primer juego contra Italia, algunos colegas y yo nos preguntábamos si Pepe siempre fue siempre así o es que como era la única opción en épocas del Beisbol Profesional de Venezuela por RCTV no nos parecía tan curioso. Y es que Pepe definitivamente no es un narrador de beisbol, es un declamador profesional. Es un comediante nato, de esos que usa y abusa de la reiteración, del chiste fácil, de esos que ya casi no hay ya que han sido reemplazados por el llamado ‘humor inteligente’ –Palo pa los files. Salúd, compañero-.

Para Humberto Acosta, acostumbrado a compañeros de narración como Fernando Arreaza y Reyes Medina, debe ser una empresa difícil estar acompañado de un bufón de 9 innings. En ocasiones a Acosta se le nota la risa contenida, esa misma a la que yo le doy rienda suelta frente a la tele. Pero es evidente que el comentarista opta por no darle más cuerda e ignora las ‘frases simpáticas’ de Pepe -La fiesta de los pobres se acaba con pelea. La de los ricos porque se acabó el hielo-. Es ahí cuando uno piensa: aún estamos en buenas manos.

No sé si algunos de uds. le ha dado una oportunidad a esta dupla. No sé si los prejuicios políticos –los mismos que hacen que la gente le grite groserías a Magglio-, el amor a Meridiano TV –si alguien tiene las pelotas de admitir que lo tiene- o el culto a la televisión por cable se los permita, pero según mi opinión: las transmisiones de Tves son la mejor opción para ver el Clásico Mundial de Beisbol en televisión abierta -Papita, maní, tostón-.

Publicado 16/03/09

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La democrática ridiculez

1 dic

Lenín Maury


¿Era inevitable que en la por estos días más fresca que helada ciudad de Toronto, un grupo de compatriotas levantara el muro de estupidez que separa a las facciones vociferantes (antes que beligerantes) de un país que desde hace más de 10 años pregona una ruptura de lazos de fraternidad que, según mi humilde pero sólida opinión, están fracturados desde hace décadas atrás, y los mostrase vanidosamente en una tierra ejemplo de integración?…Un grandeliga venezolano está allá, en la provincia de Ontario, intentando contribuir con sus aptitudes, portando el tricolor en su manga derecha y en el pecho el nombre bajo el cual nacimos la mayoría de los que ostentamos esta nacionalidad vernácula, y no hay mejor demostración de conciencia política, madurez deportiva colectiva o simple saber atlético, que emitir cánticos huecos que nada aportan a la que debería ser la meta de los asistentes al duelo: generar esa intangible onda expansiva que insufla ánimo.

La indignación, el sinsabor y la vergüenza se turnan para dejarme salmuera en las encías, impotencia en los nudillos y desasosiego en el pecho. Sin embargo, gente lúcida y con espacio en los medios se dio a la tarea de denunciar esta barbarie y dejar constancia de que en el periodismo nacional la ética y el buenhacer no tienen porque ir de la mano de las tendencias políticas. El trabajo es informar, pero también opinar cuando la situación lo amerita. En este caso la necesidad gritó. La información se registró, el hecho vergonzoso fue reflejado a cabalidad en la mayoría de los medios nacionales, pero en cuánto a disertación se refiere, nada me satisfizo más que los argumentos planteados por Carlos Valmore Rodríguez.

Ahora la emprendieron con Ordóñez a cuenta de chavista. No lo agredieron por atacar un fly de manera displicente, o por haber cometido un error fatal para el equipo, o por hacer algún comentario contra la hinchada. No, se metieron con él por ‘chavista balurdo’ (…) O sea, compatriotas suyos, a los que está representando en el Clásico, lo sometieron al escarnio público por defender públicamente un credo político. Esa es una demostración de intolerancia y sectarismo odiosa por sí sola y particularmente inoportuna, pues ocurre cuando el coriano está defendiendo la causa venezolana (…) Los deportistas, peloteros profesionales incluidos, son ciudadanos, que tienen el derecho y el deber de interesarse por los asuntos de su polis, sin que por ello deban recibir el rechazo de nadie”. Magglio, Política y Deporte. Carlos Valmore Rodríguez, Diario Líder. Lunes, 9 de marzo, 2009.

En mis manos tengo el número más reciente de la edición de la revista bimestral Olímpicas (Nº3). En ella Alexis Correia disecciona a través de un esclarecedor ensayo el fenómeno inverosímil que durante la pasada Copa América abrió esa dimensión en la que la derrota de los míos es mi propia victoria, algo así como un autosuicidio.

Una de las conclusiones que se extrae del texto, pero que es moneda común para todos aquellos fanáticos del deporte rey en este subcontinente, nos arrincona y nos obliga a entender ¿Cómo es posible que los argentinos en el Mundial del ’78, bajo la inclemente mano de una sangrienta dictadura, no dudaran ni un momento para brindarle apoyo irrestricto y nacional a su selección; y en cambio, un país que dista mucho de aquél, prefiera el fracaso de su representación deportiva para no verse en el trance de adjudicarle al gobierno de turno un éxito que a fin de cuentas recae siempre en primera instancia sobre los hombros de los deportistas? A manera de apropiado epílogo, Correia utiliza una cita de Alberto Barrera Tyszka, redactada durante el tráfago que significó luchar contra 9 selecciones suramericanas en la cancha y contra quién conoce cuántos compatriotas fuera de ella, para cerrar su texto. Sin duda, el epítome de una goleada en contra.

Me temo que al tratar de ensalzar o descalificar al Gobierno, a cuenta de Copa América, es un pase directo a las duchas. El gol es un exilio provisional que nos hace bien a todos. Tal vez, en el fondo, el fútbol nos devuelve a la experiencia de la vida sin política.

Toca ese anhelo de poder asistir a un espectáculo sin la contaminación ideológica, sin sentir el peso de las grandes verdades patrióticas, de las impostergables urgencias históricas, sin la exigencia obligante de combatir o defender una revolución. Tal vez, el fútbol nos recuerde que, probablemente, necesitamos más placer y menos Simón Bolívar; que también somos otros, que podemos tener más tertulias que debates, más fiestas que marchas y contramarchas, más deporte que programas de opinión. Y que no todo es guerra”. La Vinotinto ¿El pegamento o los añicos de la identidad nacional? Alexis Correia. Olímpicas. Nº3. 2009.

Ver este fenómeno desde la distancia del estudio académico resulta cuesta arriba cuando estamos tan inmersos en la fuente y en el país. Pero cíclicamente me pregunto: ¿Y ahora, tendremos dos, tres, cuatro selecciones? ¿Pintamos una de azul, otra de roja y otra con el gris desentendido de la apatía? Es que acaso edificaremos un Muro debajo de la zona costera para asistir a las justas internacionales con una Venezuela sureña y otra norteña.

Mejor aún, expatriemos a todos esos que a punta de sudar por una mayoría que jamás los ha elegido, buscan imponer un sentimiento patrio que hace siglos implosionó para la estupefacción pequeño veneciana.

La ridiculez es suficiente y democrática. Todos podemos agarrar nuestro trozo sin la necesidad de pagar ni un bolívar fuerte. Tan es así, que por este paraje caribeño pululan acaparadores que la exhiben como una Copa.

Parece que al menos en ese aspecto, a Toronto sí llevamos un inobjetable Dream Team.

Publicado 11/03/09

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Que aprenda en Lakeland

30 nov

Carlos Valmore Rodríguez
@CarlosValmore

Carlos Guillén, como cualquier persona, está amparado por el derecho de velar por sus propios intereses. A Carlos Guillén lo cobija el legítimo derecho, y hasta en el deber, de prepararse lo mejor posible para la nueva misión que le ha asignado su equipo de las Grandes Ligas: jugar en el jardín izquierdo. Lo que no puede hacer Carlos Guillén es fijar un ultimátum al manager de su selección nacional con una expresión similar a la que uno tantas veces escuchó en los recreos de su edad escolar: o cubro aquí o no juego. Creo que eso no se le hace a nadie, y menos a tu país.A Carlos Guillén le asiste el derecho de decirle no al Clásico Mundial porque sus prioridades son otras. Carlos Guillén puede hasta preguntarle al piloto de Venezuela si es posible jugar en el bosque izquierdo. Pero ir ante los medios de Detroit a decir que si no se ve en el lineup como leftfielder titular de la Vinotinto entonces se devuelve al spring training me parece indelicado. Son expresiones con un innegable tufillo a chantaje y malcriadez totalmente inaceptables.

Carlos Guillén defiende con justeza sus prioridades, pero no es tolerable que pretenda que todo un país subordine sus intereses a los de él. Carlos, entiende que al equipo nacional no le conviene que uses el Clásico como laboratorio para experimentar tus desplazamientos en el left. ¿Y si por impericia en la posición se te cae un elevado que le cueste la clasificación a la novena? ¿Cómo te quejarías de que los fanáticos criollos te abucheen a rabiar si eso pasa? No puedes escudarte en el argumento de que los errores son parte del juego. Si yo hago una operación, sin ser médico, y la intervención sale mal, nadie me aceptará la excusa del error humano. Que un médico falle en el quirófano se explica en la falibilidad de la especie. Que yo como periodista le meta cuchillo a una persona es una irresponsabilidad y un crimen, porque yo he debido saber que no cuento con la experticia para llevar a cabo una intervención de esa naturaleza. Obviamente aquí hablamos de deporte y no hay delito en que a ti se te escape un globo contra Canadá que nos deje en la cuneta, pero sí podemos reprocharte lo que constituye un total desprecio a las esperanzas de miles de fanáticos. Guillén: no puedes usarnos como conejillo de indias para rendirle a los Tigres de Detroit. Simplemente elije: me quedo con los Tigres. Sería completamente entendible. Pero que le eches a perder un partido a Venezuela por una pifia perfectamente evitable es reprensible.

Como censurable sería que el mánager Sojo cediera ante la presión y lo complaciera. Sojo no puede aceptar que los juegos de la Vinotinto se conviertan en meras extensiones del campo de entrenamiento de los Tigres de Detroit. Sojo debe hacer respetar su autoridad y el interés nacional. ¿Tienes que jugar left desde el primer día? Lo lamento Carlos, pero creo que es más sensato que los jardines los cubran jardineros de oficio. Tú eres más valioso para el país como designado, o como primera. Si no te sirve así, será para una próxima oportunidad. Así perdamos a uno de los maderos más explosivos que tenemos a disposición es preferible que Guillén se quede aprendiendo a agarrar elevados en Lakeland. El spring training es para practicar. El Clásico para ganar. Y corres el riesgo de perder si colocas en una posición a un jugador que no tiene la pericia para cubrirla. En el CMB cada partido cuenta, y más con el nuevo formato. No podemos darnos el lujo de permitir que a Guillén se le vaya un batazo que cualquier otro pudo haber tomado. ¿Que a Magglio le puede caer una bola en la cabeza también? Sí, pero al menos sabes que emplazaste en cada sitio a alguien capacitado, aunque se equivoque. Pero dejar a Guillén en el left me resulta una inconsciencia.

Publicado 20/02/09

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Lo difícil de ser venezolano

30 nov

Daniel Mariani C.
@dlitro

Aprovecho la oportunidad no sólo para responder la reiterativa pregunta anónima en los comentarios de mis textos, sino además para aclarar mi papel dentro de este blog. ¿Y a eso a quién diantres le importa? Pues, probablemente a ud. no, pero a mí si me interesa explicarlo.

Soy el único de los diez personajes que conforman el staff de este blog que no es periodista deportivo en ejercicio. Soy periodista, mi título universitario así lo confirma, pero mi función en este blog es dar la visión de un espectador común con algún conocimiento, casi intuitivo, del mundo deportivo y de cómo se cubre periodísticamente.

Además, podría agregar que mi visión puede acercarse más a la de un fanático común. No soy especialista en ninguna materia deportiva, no conozco a ningún deportista profesional ni a ningún dueño de equipo. Tampoco sé quienes son los jefes de prensa de los clubes profesionales ni los directivos de medios.

Digamos que se me complica hacer un análisis profundo de situaciones deportivas particulares con conocimientos de causa. Por esta razón prefiero siempre soltar prenda de algun tema que tenga dando vueltas en la cabeza para que los lectores comiencen un debate o que, en el mejor de los casos, otro de los integrantes de este blog ahonde en el tema y a partir de ahí se origine un debate más nutritivo con los lectores.

El Toro Zambrano dijo que no al clásico mundial. La selección nacional perdió los dos bastiones de su pitcheo.

No quiero decir con esto que la selección eran solamente el Toro y Santana, pero sin duda eran los nombres de más prestigio. La lista de deserciones se hace más larga y el sueño se aleja. Me niego a pensar que el Clásico Mundial de Beisbol tienda a perder interés en la fanaticada, así como lo ha hecho la Serie de Caribe que, moralismos más moralismos menos, padece de pasión baja y falta de atención severa.

Soy de los muchos venezolanos al que el Clásico Mundial le produce mucha emoción. Desde el bonito uniforme hasta ver una alineación sólida capaz de ganarle, en los papeles, a cualquier otra representación. Era de los acérrimos opositores a Sojo y también soy de los muchos que se dejaron convencer por hechos, por buenos discursos, por buenas estrategias y por las ganas de creer.

Me divierto dibujando un diamante en un papel y escribiendo los nombres de los posibles titulares y, en la zona de bullpen, los lanzadores y el orden de aparición. Pienso en como se podría administrar las restricciones de lanzamientos, en cuál sería la mejor combinación 2B y SS, en la cantidad de buenos jardineros que tenemos y en la falta de buen pitcheo relevo zurdo.

Pero que el propio manager declare que el torneo pierde fuerza, tanto así que podría estar en riesgo, es algo que inevitablemente motiva el pesimismo. ¿Será falta de identidad? ¿Será que Venezuela duele menos a los venezolanos que a los extranjeros sus propios países? ¿Por qué será que se está oscureciendo el panorama para la única disciplina deportiva de consumo masivo donde tenemos chances reales de ser campeones mundiales? ¿Por qué será que por estos días es tan difícil ser venezolano?

Sé que todavía hay mucha calidad en el plantel pero definitivamente esperaba lo mejor. Quiero ver a una selección confiada como los equipos que se saben superiores. Sueño con una representación que sude identidad y que trascienda a ser una moda de ser venezolano. Al fin y al cabo, yo soy un fanático más que busca pasar del pesimismo y que, a pesar de las adversidades, se siente muy venezolano.

Publicado 16/02/09

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¿News? ¿Noticias?… Ni de vaina

30 nov

Lenín Maury


El Clásico Mundial de 2006 dejó varias resacas para Venezuela, la mayor desde mi cómoda ventana de espectador/redactor, la que atravesó Freddy García por causa de su positivo.

Esa información sólo fue reflejada por un medio nacional a viva voz, el resto metió el elefante bajo la alfombra, nada que asombre. En Venezuela los ídolos sudan la camiseta, son impolutos y, si estiramos el velo inmaculado, pagan los impuestos y las multas. Eso es un dogma. Fin.En las varias tertulias donde el tema de Freddy salió a colación, siempre coincidí con el punto de vista del PERIODISTA que develó esa macha solar en la historia atlética nacional. Palabras más, palabras menos, el argumento tenía estas líneas: “Él estaba representando a Venezuela por voluntad propia. La gente confiaba en él y en ese equipo, así que lo que hizo, las faltas que cometió durante el Clásico, le incumben a todos los fanáticos. Eso es noticia”.

La explicación mutó casi en una disculpa. Generalicemos (para obviar nombres que no vienen al caso) diciendo que “el pueblo periodístico” enfiló sus baterías y disparó en secuencia cerrada contra el medio (PERIODISTA y diario). A manera de disculpa –innecesaria por demás, desde mi óptica- había un epílogo. “Si hubiese estado en su ámbito privado…” ¡hubiese sido su peo!, digo yo, resumiendo.

¡Tiene 23!

Lectores del deporte, ya saben cuál es la segunda parte de esta reflexión personalísima. Sí, Michael Phelps.

Resumo para los despabilados. El tipo es estadounidense, tiene 23 años de edad. Tiene 14 medallas olímpicas, ocho de ellas oros conseguidos en Beijing (ambas marcas absolutas). Pues bien, pongámonos a tono con el la situación.Phelps está descansando, disfrutado el dinero que sus patrocinantes le pagan por ser el mejor en la piscina (para otros el mejor atleta de la historia). En sus ratos de ocio, decide visitar a una jeva (los localismos ayudan). En la fiesta alguien le da una pipa con presunta marihuana y ¡pum! El tipo va y la prueba. Puede que haya sido picadura, puede que haya sido 100% cannabis; se la pudo haber acabado toda él, o tal vez no la inhaló bien, o –apoyando los promedios- le dio un par de patadas y nada más.

Hay una línea que se convierte segmentos cada vez más cortos en la vida de los deportistas (las personalidades públicas, en general, pero eso es para letrasfarandula). Voy a cometer herejía para algunos: Acaso pueden asegurar que San Di Estéfano, el Padre Cryuff, el monaguillo Carl Lewis, Sor Nadia Comanecci o la Madre Larissa Latynina jamás tuvieron un desliz, o varios… Saquen la cuenta, fama, dinero y aduladores. El tridente perfecto para que las tentaciones lluevan como en verano amazónico. Si sucumbieron o no, queda para la anécdota.

En realidad, no importa. Durante su vida competitiva, nunca hubo una sombra de duda sobre ellos. Fueron admirados, y según los archivos oficiales, nunca transgredieron los mandamientos del deporte.

Phelps tampoco lo ha hecho.

Al “fenómeno de Baltimore” no lo detuvo la policía en una plaza pública, no chocó uno de sus autos, no dejó embarazada a la jevita –guiño para los puritanos-, NO SALIÓ POSITIVO EN UNA PRUEBA DE DOPAJE. Cuando lo fotografiaron estaba en su esfera. En su espacio vital. ¡Coño!, ¡viviendo su vida!

Los sacerdotes, los rabinos, los monjes, todos pontifican. Hagamos un reality con unos cuantos elegidos al azar para ver cuánto soportan las religiones antes de la implosión que reivindicará al nihilismo.

PD: Para los hipócritas, lean esto en Marca. Luego hablan del Tercer Mundo.

Publicado 04/02/09

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