Archivos por Etiqueta: Fútbol venezolano

Regreso al pasado tachirense

25 jul

Edgardo Broner
@ebroner

Táchira volvió a un torneo internacional con el ruido de los festejos por los 25 años del gol de arco a arco de Daniel Francovig. Hasta aquel 19 de julio de 1987 los equipos extranjeros siempre se habían llevado algo cuando el calendario de la Libertadores los hacía pasar por Pueblo Nuevo. Le tocó caer a Independiente, siete veces campeón de América, con varios de los que habían logrado el séptimo título y con el empuje de la consagración en México ’86. Carlos Maldonado y Pedro Febles completaron el 3-2 en un domingo lluvioso, cuyo recuerdo se convierte en ejemplo de lo que se puede hacer para trascender más allá de los torneos locales.

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Socios disociados

17 jul

Daniel Chapela
@dchapela

Los dueños del fútbol venezolano manejan una empresa en peligro constante de bancarrota. Las cuentas no cuadran, algunos miembros padecen crisis económicas de difícil solución y muchos de sus trabajadores regresan cada día a sus casas con el desaliento dibujado en sus caras largas. Como una familia disfuncional, la basura se esconde debajo de la alfombra y los problemas se lloran en la soledad de los cuartos. A nadie importa lo que sucede al otro. Priman los intereses propios.

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La teoría de Darwin

9 jul

Daniel Chapela
@dchapela

Darwin Machis ataca el espacio que deja su presa con apetito voraz. Depredador de las franjas libres, se desliza zigzagueante en las aguas del área. Las aborda tranquilas para luego alborotarlas con movimientos impredecibles. Como el Lau Lau del Orinoco, devora las especies menores por puro afán de supervivencia. Saciada el hambre de rivales, apunta hacia el arco con instinto. Líquido. Inasible. Patrón de las sombras.

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La estrella del planeta Maturín

15 may

Edgardo Broner
@ebroner

Hay pocos como él. Pudo haber sido goleador en España o Italia, pero el viaje era largo para volver a Maturín después de cada partido. Por eso su límite era Caracas, aunque aguantó un tiempo en la más lejana Maracaibo y ahora, ya veterano, está cómodo en Barquisimeto. A los 36 años es el máximo artillero de la temporada y un gran campeón. Rafael Castellín puso la firma cada vez que el contundente Deportivo Lara necesitó que su buen juego se reflejara en el resultado, con la misma calidad que despertó admiración en su barrio, su ciudad, el país y el continente.

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La idea debe mandar

30 abr

Daniel Chapela
@dchapela

El fin del ciclo Guardiola en el Barcelona devino en acontecimiento global, como quedó reflejado en la forma en que la noticia fue jerarquizada en medios nacionales y extranjeros. La trascendencia de la figura del último revolucionario del juego provocó un consenso informativo universal y alimentó debates futboleros para especialistas y profanos. Cuando fue designado técnico azulgrana prevaleció el escepticismo; hoy, cuando su adiós inspira ríos de tinta y centenares de horas en radio, televisión o la red, se impone el reconocimiento.

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Violencia, esa papa caliente

22 mar

Daniel Prat
@DanielPrat

La pelota va de lado a lado. Los fanáticos aseguran que la culpa es de los equipos y de la Federación que no aprietan el puño y permiten la violencia. Los equipos acusan a los fanáticos de volver los partidos en batallas, como alegaron los directivos de Zamora y Aragua en su momento. Mientras la Federación, en voz de su vicepresidente Laureano González, asegura que son los clubes los responsables de organizar cada partido. Nadie quiere quemarse.

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Gradas de tolerancia

20 mar

Edgardo Broner
@ebroner

Los repetidos episodios violentos en los estadios nacionales hicieron sonar con más volumen las alarmas que no escuchan los oídos tapados. Dejaron de ser una novedad cuando surgieron las nuevas barras y no solo son producto de una irritación por la tarea arbitral o algún detalle deportivo como en el pasado. La convivencia entre hinchas de distintos colores está resultando cada vez más difícil y se ve la camiseta rival como la de un enemigo de guerra. Sin embargo, la mayoría del público parece estar más allá de esa intolerancia y solamente tiene las reacciones tradicionales que genera un partido, con gritos, reclamos, alegrías y bromas. Un indicio de que todavía se está a tiempo.

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Febrero de 1992

7 feb

Edgardo Broner
@ebroner

Hace 20 años, la Vinotinto Sub-23 estaba hospedada en el Gran Hotel Paraná de Asunción. Había comenzado mal su participación en el Preolímpico para Barcelona ‘92 y la delegación se conmovió con las noticias del 4 de febrero. Como sucedía en aquel entonces, los jugadores habían estado rodeados de micrófonos antes del inevitable debut con el anfitrión y pasaron al olvido después. Para seguir los juegos desde Venezuela, había que buscar en el fondo del dial una emisora que se oía con dificultades. La televisión lo ignoraba y las redes solo se conocían en las universidades. Aquella madrugada se congestionó la central telefónica, con el periodismo del mundo que preguntaba por el movimiento militar y el insomnio generalizado.

A la medianoche del día 9, el sargento Carlos Guerra estaba de guardia en el Fuerte Tiuna, acompañado de su radio. La selección se despedía ante Brasil, condenada tras tres caídas que habían golpeado la moral y con el vuelo de regreso esperando. Se emocionó cuando escuchó que Leonardo González arrancó en la mitad de la cancha, abrió hacia la derecha para Gerson Díaz que tiró el centro desde el fondo con su último aliento y Edson Rodríguez logró que se oyera el grito postergado de “Gol de Venezuela”. Guerra despertó a los soldados para que compartieran tanta alegría. Con sintonía esforzada, el fútbol adelantaba la unión que iba a extenderse al país alrededor de la camiseta.

El empate brasileño no borró la satisfacción ni le sirvió al equipo de Cafú y Roberto Carlos. El resultado clasificó a Paraguay y su gente celebró cantando “Venezuela, que grande sos”. Ceferino Bencomo fue llevado en hombros, hubo besos para Golindano, un hincha se colgó del cuello de Savarese y a Edson Rodríguez le pusieron una bandera en la cabeza. La satisfacción silenciosa del entrenador Víctor Pignanelli paseaba con bajo perfil cuando la euforia se convertía en regalos, hasta con relojes que lanzaban hacia el autobús. Tortolero, Dolgetta, Stalin Rivas, Polín Páez Pumar y Cheo Fasciana también quedaron con la huella del maestro uruguayo. En veinte años cambió todo. Ellos mostraron que era posible.

Columna publicada en el diario Últimas Noticias (6/2/12)

Poco más que un recuerdo

5 feb

Nelson Pulido
@nelsonpulido

Hace 25 años y unos 35 kilos menos,  disputaba la final del Campeonato Distrital entre el Elche y un equipo cuyo nombre se ha perdido en los vericuetos de mi memoria. Era la primera vez que pisaba el césped del Estadio Nacional Brígido Iriarte y la emoción que sentí en ese entonces es tan solo comparable al momento que algunos privilegiados  vivimos en Egipto 2009, cuando Venezuela tuvo su debut en el campeonato mundial sub 20.

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Espejitos por oro

31 ene

Daniel Chapela
@dchapela

Como ocurría siglos atrás cuando los indígenas que poblaban nuestras tierras eran obligados por los colonos a dejarse la vida para excavar minas o encontrar piedras preciosas en los ríos, el fútbol venezolano explota la veta de su talento y pica la roca con el hambre de un cazador de fortunas. No hay muertes cruentas que lamentar, pero la búsqueda de El Dorado sigue presente como utopía y su paso desenfrenado abre surcos en la aridez.

Espejitos por oro. Los jugadores son vendidos al exterior sin importar los ciclos de formación, el nivel de la liga a la que irán o el perjuicio que sufren sus clubes; a cambio, llegan al país extranjeros de medio pelo o expatriados que desandan el camino para buscar en Venezuela lo que no encontraron en ultramar. Aunque los implicados miran hacia otro lado como si con ellos no fuese la cosa, los resultados internacionales desnudan una realidad en la que no caben los eufemismos.

Mediogol

La calidad del torneo interno ha ido en franco descenso desde la expansión, y el comercio de futbolistas, sin regulación ni sentido común, agrava el panorama. De allí que la selección haya perdido todos sus últimos desafíos cuando apeló a elementos del campeonato doméstico o que el Caracas diera la triste imagen que ofreció en Montevideo la semana pasada.

Desde que el Rojo accedió a los cuartos de final en la edición de 2009, ningún cuadro criollo superó la fase de grupos en la Libertadores y tampoco, a partir de la instauración del tercer cupo a disputar en una serie previa, ha habido camisetas venezolanas que la superaran. ¿Casualidad? El balance en la Sudamericana no es mejor y difícilmente lo será si acuden a disputarla conjuntos de la mitad de la tabla.

AP

El problema no es físico. No se trata de que la preparación en ese apartado sea deficiente. Hace una década ese argumento podía tener asidero; en el presente, con preparadores capacitados en esas áreas integrados a los cuerpos técnicos, la aseveración dejó de tener sustento. El asunto está vinculado al estatus competitivo que una situación como la descrita genera. No hay suficiente estructura para soportar semejante diáspora y los capitales que ingresan por las transferencias internacionales engordan más los bolsillos de representantes e intermediarios que de las propias instituciones que negocian con su patrimonio.

La selección produce beneficios gracias al sitial alcanzado en los dos últimos lustros, pero se deja girones de prestigio con cada derrota aunque no sean los generales de cuatro soles quienes salgan a la cancha. Al futbolista citado le atrae la vitrina y la promesa de un posible traspaso, pero se expone a quedar marcado después de una mala actuación. Lo mismo ocurre con los equipos, cada vez más lejos de la trascendencia continental y ciegos ante esta dinámica que los debilita.

El dueño del producto –y sus socios, lo sean o no de hecho– está en la obligación de preservar y fortalecer lo que tiene entre manos. La Vinotinto no es un recurso natural renovable.

Sí hay maneras de elevar la calidad del espectáculo y controlar la fuga. Robustecer el mercado interno es una; crear un órgano que rija el fútbol profesional y sea capaz, por ejemplo, de gestionar divisas preferenciales ante el Gobierno nacional como han hecho sus similares del beisbol y el baloncesto, otra. Sobran opciones pero falta voluntad.

En tiempos de masificación mediática, de hinchadas que crecen y menos clandestinidad, los espejitos no valen como moneda de cambio.

Columna publicada en el diario El Nacional (30/1/12)