Octavio Sasso
@Octasasso
La delegación venezolana emprendía el viaje rumbo al Mundial. La Vinotinto juvenil acababa de ser despedida en el Aeropuerto de Maiquetía por un gran grupo de seguidores que aupados por todo un movimiento gestado por el Gobierno Nacional, hizo de la salida, un momento realmente mágico. Los jugadores iban de a poco entrando al túnel que los llevaría hacia el otro lado del planeta. En medio de abrazos, alguna que otra lágrima, fotos y autógrafos, los Camacho, Velásquez, Romo, Del Valle, Fernández y compañía se alistaban para empezar a escribir otra nueva historia.
Los grandes medios iniciaban una gran cobertura en vivo del trayecto que llevaría a los “héroes” a su gran objetivo. Las cámaras apuntaban al nuevo avión, que diseñado para la gran ocasión, se pintaba de gloria con una gran leyenda que decía: “La Vinotinto ahora es de todos y es Mundial”.
Cada uno de los integrantes del plantel disponía de las comodidades necesarias para que el largo trayecto fuese realmente agradable. Ellos disfrutaban de la nueva ropa otorgada por el patrocinante de la selección que les había encomendado su último gran modelo para lucirlo en esa ocasión. Con todos adentro, arrancó el vuelo a la Copa, el vuelo a la ilusión.
Al llegar, los juveniles levantaron el pecho, soltaron los músculos y empezaron a caminar con la frente al alto rumbo a su gran momento. En medio de los flashes, las preguntas en otros idiomas y las apariciones de los encargados en asistir al combinado nacional, la música celestial se paró y el manto de gloria se cayó por un momento.
Un dirigente de la organización de la Copa junto a un par de hombres de seguridad, detenían a una persona de la delegación venezolana. Los jugadores no entendían nada, el cuerpo técnico menos. Se escucharon un par de gritos y entre movimientos bruscos de un lado y el otro, apareció el imputado: Rafael Esquivel.
El Presidente de la Federación Venezolana era detenido por un alto responsable del torneo. El hombre preguntó a Esquivel si hablaba inglés o algún otro idioma, el directivo criollo en medio de su lógico nerviosismo, le dijo que no. Ahí y delante de todos, el encargado soltó en claro y perfecto español: “Lo lamento señor Esquivel pero Ud. no puede pasar, Ud. no clasificó al Mundial”.
Ante el asombro y las risas prefabricadas, Esquivel presumió que había algún error, ante lo que el directivo fue enfático: “En la lista de equipos clasificados a la Copa Ud. no está. Acá en mis reportes tengo bien especificado que su gestión en Venezuela no es digna de un Mundial, que su trabajo ha sido duramente criticado y que Ud. ha permanecido en el poder a lo largo de mucho tiempo sin que nadie pueda decir que el desarrollo del balompié en su nación sea mérito suyo. Acá también dice que Ud. se está aprovechando de un apoyo gubernamental nunca antes visto y del corazón de unos muchachos que pese a que Ud. no creyó en ellos, aún así llegaron a este evento”. Esquivel se ponía cada vez más incómodo y la situación se alargaba.
“Señor Esquivel. Ud. está siendo detenido además por el delito de no terminar las cosas que promete. Acá en Egipto eso es tan importante o más que cualquier otro crimen. El Centro de Alto Rendimiento en su casa de Margarita, aparece como el principal punto de una serie de marcas y errores que tendríamos que seguir discutiendo. Lamentablemente tiene que ser deportado a la isla y encerrado en su Estación de Servicio Los Robles, hasta que al menos cumpla una de las cosas que haya prometido en los últimos 15 años. Lo siento pero debe retirarse y jugar su propia Eliminatoria, tan sólo así podrá clasificarse al Mundial. Su trabajo no está a la altura de estos muchachos”.
Esquivel empezó a patear todo. La rabia era mucho más fuerte que la razón. Otro personero de seguridad lo acompañó de nuevo al avión vinotinto, en el trayecto le decía: “Presidente, en su pasaporte hay un sello que dice que Ud. tampoco puede volver a Venezuela hasta que no levante el nivel del torneo local, no capacite a los entrenadores y árbitros, no logre que algún medio importante transmita el fútbol de su país, o no permita que sigan desapareciendo y muriendo los equipos sin que a nadie le importe. Al menos eso lo tendrá que resolver”.
De repente, Esquivel abrió los ojos y saltó. Se había mojado todo el traje nuevo y los vidrios de un pequeño vaso, aún estaban esparcidos a su lado. Sus ayudantes se sorprendieron al ver su rostro y lo ayudaron a levantarse. Caminó hacia al baño, se vio al espejo y respiró hondo al darse cuenta que su detención había sido un sueño. Al volver a su silla, en la mesa había un papel que decía: “Presidente, sigues estando en deuda. El país futbolero te estará exigiendo, como nunca, que subas tu nivel y estés a la altura de este gran logro. Es el momento”.
Publicado 17/02/09
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Etiquetas: Egipto, Esquivel, FVF, Vinotinto